Algo de historia de Lanzarote

Imagen de la expedición de Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle a la Isla de Lanzarote en 1402.

Imagen de la expedición de Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle a la Islas Canarias en 1402.

La más septentrional de las siete islas canarias como el resto, tiene origen volcánico, mucho más obvio que en otras islas del archipiélago. Es árida, seca y cuenta con muy poca vegetación.

Fue poblada por primera vez hacia el año 500 AC. Se cree que embarcaciones provenientes de la costa africana empujadas por el viento arribaron a sus costas y poblaron la isla. Ellos le dieron el nombre indígena de Titeroy-gaka; la montaña rojiza.

El primer europeo en poner pie en la isla fue Lancelotto Malocello a principios del siglo XIV, de cuyo nombre deriva el actual topónimo de Lanzarote. Parece ser que se sintió atraido por la misma pues se quedó unos 20 años.

Durante el siglo XV tiene lugar la “conquista” de las islas Canarias auspiciada por la corona de Castilla que aniquila a la población aborígen e instaura un sistema feudal que perdura hasta el siglo XIX.

En 1730 se produjeron erupciones durante 6 años que transformaron la isla y destrozaron pueblos enteros que ya no existen. La última erupción tuvo lugar en Timanfaya en el año 1824. Aún hoy puedes experimentar en directo la actividad volcánica en el Parque Nacional de Timanfaya, donde los guías te harán una demostración de que la tierra está aún muy caliente.

Es en la segunda mitad del siglo XX cuando empieza a despegar la industria del turismo al que contribuye el excelente clima, los atractivos naturales, la cercanía a Europa y la seguridad.

El aeropuerto abrió Lanzarote a Europa y así al resto del mundo. A partir de ese momento la isla sufrió probablemente el cambio más importante de los últimos siglos. Se pasó de vivir de la ganadería, una precaria agricultura y pesca a vivir fundamentalmente del turismo directa o indirectamente.

Con la llegada de turistas, Lanzarote empezó a desarrollarse, a incorporar nuevas infraestructuras para atraer al turismo.

El artista canario César Manrique colaboró activamente en esta tarea que hoy podemos disfrutar con obras emblemáticas en la isla como: Los Jameos del Agua, La Cueva los Verdes o el Jardín de Cactus

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